Jornadas Por La Zjing

miércoles, octubre 25, 2006

2. La Leyenda de Darón

Antes, cuando la brillantez de los Tronos de Zelón aún no era opacada por el polvo nuevo, en El Zielo se regocijaba; y los Dioses celebraban sus hijos, los padres de los niños y hombres de la zjing (la tierra de la vida y el hombre). Ratmis, ahijado de Zelibea. Mirranda, nieta de Jazmín. Dialecto, primer varón de Rattasha. Todas, hermanas de Zelón; y todos, Dioses en zjing. Y todo era festejo, porque todo era bueno en la zjing. Pero cuando Esmera, la hermana menor de Zelón, por fin dió a luz... Asmartes, su sobrino, y Dios mayor de la segunda generación, creó la noche.

Dicen que el primogénito de Esmera era de tan belleza y tan parecer al propio Zelón, que Asmartes se corroía por la envidia y temía perder el Trono de Los Zielos. Porque al primer instante, con sólo su primer suspiro, ese sobrino logró lo que nunca algún descendiente había logrado después de Asmartes – convertirse en el favorito de Zelón. Su nombre: Darón. Y Asmartes no podía soportar verle, y se escondía en la oscuridad de la noche, y nunca veía a Darón.

Esta rivaldía enfureció tanto a Zelón, que expulsó a Asmartes de los Zielos, y Esmera le creó la luna sobre la noche en zjing, para que Zelón pudiese aún contemplar a su sobrino Darón mientras el mundo dormía. Sin embargo, el rencor que Zelón tenía sobre la falta de Asmartes lo llevó a la sinrazón; y castigó a Esmera con la desexistencia, por haber causado la primera separación de los Dioses.

“¿Porqué creaste a tu hijo en mi imagen, y no igual a la de mis descendientes, que son todos ustedes iguales bajo mi bendición?”, Zelón le preguntó antes de matarla.

“Por amor, mi Dios”, ella le contestó, “Por amor y tributo a ti, hermano amado.”

La leyenda de Asmartes cuenta sobre los infinitos intentos del Dios de la Noche para apagarle la luna a Zelón, y su insaciable capacidad de apagarle la luz al mundo durante la noche, aunque solo para que el propio Zelón lo remediera, y el mundo tuviese su luna llena mensualmente. Dicen que Zelón nunca se perdonó por haber matado a su hermana, y nunca encontró regocijo de nuevo, en la imperfección de los Dioses. “Que los hijos y las hijas de la zjing nunca teman bajo su mano protectiva”, Zelón declaró de los Dioses, “Y que sean siempre preciosos, y perfectos, a sus ojos.” Pero los Zielos nunca volvieron a ser igual. Y el polvo comenzó a caer sobre sus Tronos.

Pero la leyenda de Darón nos lleva a otros cuentos. Darón fue tan querido por los Dioses, que su corazón se convirtió en el más grande y más fuerte de todos. Y por eso Darón es el Dios del Amor. Darón bajaba a la zjing constantemente para supervisar las diligencias del amor en la tierra; los besos seductivos, las caricias de una madre, el perdón y la pasión. Hasta que un día... Darón, también, se enamoró.

“Sobrino amado”, le dijo Zelón, “Todo derecho y permiso tienes de gozar en el amor, pues ésto a muchos les has regalado, y es tuyo por don. Pero, ¿porqué escoges a una criatura de la zjing, si mis Diosas aman igual o más que tú?” Y Darón le respondió, “No tienes corazón para hablarle así de amor a aquél quien lo cultiva por alma. Es usted quien ha matado a mi madre, a su hermana, por rencor. Soy el Dios del Amor; y usted, mi Dios, carece de ese don. Es mi pensar que el amor no existe en los Zielos; sólo el orgullo – orgullo de lo bueno y de lo que nos hace feliz. Es de los hijos y de las hijas de la zjing de quien he aprendido el verdadero amor. Y por eso es que encuentro mi diosa entre ellos.”

¡Traición! ¡Herejía, bajo el juicio de Zelón! Y Darón fue otro de los muchos Dioses expulsados de los Zielos desde Asmartes. Y su Dios mató a su amada. Y Darón se quedó mortal en la zjing... solo...

Pero fue entonces que Darón se topó con Asmartes, una noche mientras vagaba solo por la tierra. “¡Primo Asmartes, hijo de Zelena!”, exclamó, “¿Cómo es que todavía vives en la tierra?” Y éste le respondió, “Vivo aún bajo la luz del regalo de tu madre, con mis hermanos, los de esa luz.” Y fue a desaparecerse. “¡No me abandones, hermano!”, suplicó Darón, quien estaba listo para morir, “Tú, que has vivido en zjing desde antes de mis tiempos... ¡seguro conoces ¿el amor?! ¡Ayúdame a encontrarle, por favor!” Y Asmartes, quien había sido redimido, precisamente por el amor de los hijos y las hijas de la zjing, le dijo, “Tú te llamas mi hermano, y hermano debiste haber sido desde el principio. Pero el destino nos hizo enemigos. Aunque ahora el amor nos unirá. En los Zielos, todavía queda esperanza. Y en ésta tierra, todavía queda el amor. Buscádle ambos al destino, y encontrarás algo. Tiempo tendrás... hermano.” Con esas palabras, Asmartes se le echa encima a Darón y le muerde el cuello.

Se dice que Darón, como vagabundo de la noche, esclavo de la sangre, y hermano oscuro de los hermanos nocturnos de Asmartes, no duró mucho. Pero que aún camina entre nosotros. Aún en búsqueda de amor en la tierra y esperanza en los Zielos.

Hasta ahí nos llega la leyenda del Dios Darón... Pero cuentos folklóricos, que abarcan desde las costas vaporíficas de Hemon-zjing hasta los picos nevados de Ben-zjing, nos dicen de un gran héroe… Vagabundo solitario, de sólo un robusto perro para compañía, que hacía hazañas milagrosas para salvar a los hijos y las hijas de la zjing y brindarles esperanza y tranquilidad. ‘El Que Nunca Nació y Nunca Morirá’, le llaman. Darón.

sábado, octubre 21, 2006

1. Nieve

El mundo sufre. Pero Ámaris ni se da cuenta. Sentada sobre cojines blancos de algodón, en el Trono Nieve de Ben-zjing, contempla las montañas de Sauturno sin darles la más mínima importancia. La nieve descansa en sus picos, como la preocupación en la cabeza de la nueva Reina de Nieve. Ámaris sabe que su hermano está viajando hacia el Sur, y que en estos tiempos de guerra, el Rey Francís todavía cuida por su amada, mirándola desde El Zielo, al lado de los Tronos de Zelón. Y sabe que lo que hace Marius es noble, y viaja por una causa que lo lleva hasta la justicia y absolución. Pero la soledad duele... y el frío que entra por la ventana le recuerda a La Reina la falta de los brazos que la calentaban; le recuerda de la muerte que amenaza a los pueblos de Ben-zjing. Y le recuerda que en las montañas... en los hondos subterráneos de Sauturno...

Ámaris se da un sacudido; y se ajusta el abrigo, de pieles negras, apegándolo más a sus hombros y cerrándolo ante sus pechos. Se levanta de su trono y camina hacia el Norte para cerrar la ventana de marfil. “Ya estoy cansada de recibir los vientos del Norte”, piensa, “No nací en la nieve, pero moriré aquí. ¡Pero me reúso a morir así!”

“¡De nuevo cosechando las llamas del pasado!”, una voz femenina, fuerte y madura, penetra a las cámaras acústicas del Trono de la Nieve, “¡Te quemarás con tu propio llanto, si las lágrimas las sueltas para el calor de Hemon-zjing!” La mujer cierra la puerta de entrada y camina hacia La Reina.

“Mila, me sorprendes; como siempre...”, La Reina deja la ventana y se revuelve hacia la mujer, “Entra, pues, y háblame de las cosas que has venido a decirme. ¡Porque de regaños, y de instrucciones de cómo guiar mi corazón, no quiero oír!”

Mila-lunna Sorquinara, consejera oficial del Trono de la Nieve, compañera de años de Ámaris, y notoria Mentalista, se acerca más hacia su amiga, hasta poder cogerla de las manos, y le dice, “Estas cosas de las cuales no quieres hablar, pero sin embargo abarcan tu mente todos los días, pueden ser perjudiciales para ti ¡y para tu reino! ...Pero tienes razón cuando dices que son otras cosas las que te vengo a decir. Así que hablaremos de lo importante en otra ocasión.” Mila-lunna le da una mirada de madre a La Reina, y le anuncia que su mandado a llegado.

“Déjalo pasar”, responde Ámaris, tomando de nuevo su trono.

Las puertas de La Real Cámara se abren suavemente; todo el esplendor de su oro-blanco deslizándose lateralmente através de la mirada de Elton Wo, quien espera la entrada. Lo recibe una mujer alta, delgada, de mayor edad; aunque su bello cutis y ojos juveniles ponen en duda la razón de los cabellos grises de su cabeza. Madame Sorquinara está vestida de violeta y negro, en un traje elegante y robusto, halagador a la cintura, y con cuello y puños gruesos para aguantar el calor. Sus ojos negros son penetrantes cuando le anuncia a Elton, “La Reina Nieve le verá ahora.”

La Real Cámara de Nieve es una sala amplia, blanca, con pocas decoraciones extravagantes, pero mucha belleza sutil. En las esquinas hay jarrones con rosas blancas, y la alfombra es de diseños abstractos que mezclan los colores de la nieve, las nubes, la noche, el humo, y la piel. En el fondo hay una gran ventana de cristal, con un marco de marfil. A lo lejos, más allá de la ventana, la nieve cae sobre Sauturno. En el centro de la cámara se encuentra El Trono de Nieve; asiento para dos, acojinado, y totalmente blanco. Se desplaza horizontalmente, paralelo a la pared de la gran ventana, con brazos a ambos lados. Es un banco sin espaldar; para que el Rey Nieve pueda contemplar hacia el Sur como al Norte, como guste.

En el Trono está sentada Ámaris Linienza Puro. En su cabeza, una corona de cristal que la nombra Reina Nieve. Hoy viste de negro, viuda ya por tres días. Su abrigo y sus pantalones negros hacen que resalte su cabello rubio ondulado; cabello que le cae bajo sus hombros, sobre sus pechos. Y sus ojos azules son el reflejo de un copo de nieve, pero hoy es un azul oscuro, como mar en tormenta.

“Elton Wo”, La Reina lo recibe.

“Su Majestad”, Wo responde, inclinándose, en el saludo acostumbrado, “Yo, Elton Wo de Sauturno, le sirvo.”

“¿Conoce usted de la leyenda de Darón?”, La Reina le pregunta.

“Darón es muy conocido en Las Montañas. Al igual que sus hazañas.”, es la respuesta.

“Quiero que usted vaya a Sauturno”, le pide La Reina, “Usted debe saber de todos sus secretos... Cuando salga de Ben-zjing, y cruce El Bosque Fam, y haya regresado a Las Montañas de Sauturno... quiero que encuentre a su héroe mítico. Es importante que le lleves un mensaje a Darón.”

“Si alguien puede encontrarlo, ese soy yo, Su Alteza. De eso no tema. Dígame su mensaje, Mi Reina, y yo lo haré llegar”, el fiel Elton Wo le dice.

“Pues acércate más, querido Wo...”, La Reina lo mira con urgencia fría, “...que lo que escucharás no se puede pronunciar muy alto en ninguna parte del mundo. Lo que escucharás... tiene el poder de destruir a ambos ¡Ben y Hemon-zjing!, ¡y todas las civilizaciones que de estas han sido derivadas!”