5. La Dama del Dragón Blanco
El desconocido llegó galopando sobre su caballo en las horas tempranas de la mañana. El sol todavía no alumbraba completamente, y los guardias de la cuidadela aún no se sentían eficientemente despiertos. La figura de Farím O-mar, un ser andrajoso y cansado de una larga travesía por las tierras áridas de Hemon-Zjing, se acercó al Primer Guardián de turno en el portal. El extraño viajero bajó su capucha, para que el guardia viera su rostro por lo menos, irreconocible bajo su larga melena enmarañada y manchas de mugre y barba en su cara.
"En Costa Cristal aún todos duermen...", anunció el guardia, "¿Qué razones tienes para molestarnos a estas horas de la madrugada?"
"Viajo desde lejos, y busco asilo en la ciudad...", respondió Farím, con agotamiento obvio en su voz, "Si me dejas pasar a la posada del Dragón Blanco, puedo estar en camino y fuera de tu responsabilidad en segundos."
"Bien...", cedió el guardia irritado, "Dame tu nombre y plazo de estadía, y puedes pasar."
Farím dió un nombre falso, fingió que sólo se quedaría algunos pocos días, y luego pudo encaminarse hacia El Dragón Blanco.
Costa Cristal no era lo que fue alguna vez. Sus luminosas fachadas fueron reemplazadas por deterioro y pobreza. Los dragones monstruosos de Ben-Zjing causaron demasiado daño durante las guerras de hace décadas atrás, y la capital de Hemon-Zjing nunca verdaderamente se recuperó. Farím O-mar aún recordaba las rutas por las calles adoquinadas, pero no llegó a reconocer muchos de los edificios alterados que adornaban la vieja ciudad. Sólo reconoció el hostal que buscaba porque aún retenía el símbolo de un dragón blanco en su puerta de madera.
El vestíbulo de El Dragón Blanco era una taverna como cualquier otra. El posadero servía cerveza tibia desde la barra a un lado de la cocina, mientras cantaba y charlaba con sus clientes que permanecían allí desde la noche anterior; y las meseras adolescentes (que enseñaban un poco más de cuerpo de lo que era costumbre en Costa Cristal) maniobraban comida y bebidas alrededor de las muchas mesas llenas de huéspedes sucios y borrachos.
Pero una persona presente se encontraba fuera de lugar. En una mesa cerca de la puerta hacia el patio de atrás, se encontraba sentada una figura encapuchada (así como el aspecto de Farím) que estaba sola y que emanaba un aire evidente de no querer ser molestada. A esa mesa fue que Farím O-mar se dirigió.
Cuando el viajante se sentó frente a la persona solitaria, Farím reconoció instantáneamente la cara de la dama con quien se había citado encontrarse allí. La mujer debajo de la capucha tenía el pelo oscuro y ondulado como el de Farím, pero mucho más cuidado y limpio. Sus ojos eran de un verde intenso, como las escamas de un reptil; y su nariz era afilada, como si hubiera causado la pequeña cicatriz que tenía a un lado de su labio superior.
Elisa Prisma era una mujer de cuerpo esbelto, pero de corazón y comportamiento fuerte. Aun así, su postura endurecida desvaneció al ver a Farím. Sus ojos se abrieron con incredulidad, y se quedó muda por un momento sin poder dirigirle todas las palabras que le quería decir al hombre greñudo sentado frente a ella.
Una mesera, luciendo una mini-falda y un chaleco que mostraba gratuitamente una gran parte del escote de sus senos, se acercó a la mesa y comenzó a pedirle la orden al par de estrambóticos encapuchados.
Elisa la interrumpió con un regaño, "¡Aléjate, niña, y no regreses hasta que se te llame; que deseamos privacidad!"
La mesera, que no podía tener más de quince años de edad, se tornó pálida; y asustada comenzó a escaparse lejos de la mesa. No sin antes Farím añadir: "Tráeme una costilla de cerdo y una cerveza ardiente por favor... y luego entonces nos puedes dejar a solas."
La joven mesera accedió y se fue a la barra, casi corriendo.
Farím le sonrió a Elisa por primera vez en esa ocasión, "Sigues siendo la misma bruja intimidante de siempre, ¿ah?"
Elisa por fin le dice algo a Farím, cuando responde, "Y tú te estás poniendo viejo y asqueroso."
Farím le remonta, manteniendo la sonrisa, "Al menos lo mío se puede remediar con un buen baño..."
Elisa se mofa, y le quita la mirada a Farím, "Espero que tu orden nunca llegue..."
Farím entonces le dice, "De hecho, necesitaré que me la pagues. No tengo nada de moneda."
Elisa vuelve a fijar su mirada hacia Farím, "¿Estás en serio? Te desapareces por trece años, y me mandas una paloma mensajera críptica para encontrarte conmigo en secreto aquí... ¿para pedirme una cerveza y dinero? ¿Que más quieres? ¿¡Te alquilo una habitación y una prostituta!?"
Farím suspira, y responde, "Sé que estás enfadada..."
"¿¡Enfadada?!?", la tez de Elisa comienza a perder la compostura, "¡Nos abandonaste por trece años, Farím! ¡Abandonaste a tu ciudad y a tu gente, cuando te necesitaban más! Me abandonaste a mí..."
"Lo sé...", murmura Farím.
Mientras tanto, Elisa continúa vociferando, "No sabes cuantas noches me desvelé tratando de llegar a entender cómo una noción imposible llegó a ser realidad... cómo la garantía de nuestro enlace inseparable pudo haber sido destruído en un instante, en un cabalgar de un caballo en la noche, en el eco de tu adiós..."
"Lisi... Nunca sabré como empezar a pedir o merecer tu perdón...", logra decir Farím.
"¡Y ahora tú regresas!", añade Elisa, "¡Como si fueras bienvenido! Pues, te tengo noticias Farím Amatista O-mar: ...yo no te necesito. Aquí no te necesita nadie. Esta ciudad, y el reino entero, se está re-edificando... y yo también."
"Por eso es exactamente que he venido", le explica Farím, "Porque el futuro de Hemon-Zjing está en juego."
Por primera vez en la conversación, Elisa realmente está interesada en lo que Farím tiene que decir, "¿A qué te refieres?"
Farím va directamente al grano, "El clima del mundo, por toda la Elen-Zjing, está cambiando alarmantemente. ... El Bosque Fam se está congelando. El Gran Lago de Cristal se está derritiendo. La magia no aguantará más por mucho tiempo. Los dragones de Ben-Zjing se están despertando, y pronto seguramente se dirigirán hacia acá."
"¡¿Has visto eso?!", preguntó Elisa, perturbada.
"Con mis propios ojos.", contesta Farím, "...Y pronto verás dragones tú también..."
"¿Cuán pronto?", pregunta Elisa.
La mesera interrumpe de nuevo, y casi temblando, entrega la costilla de cerdo y cerveza sobre la mesa en frente de Farím. Antes de poder mencionar o preguntar cualquier cosa sobre la orden, la mesera recibe una mirada hostil de Elisa, y la niña se va huyendo rápidamente de la mesa.
Farím, obviamente hambriento debido a sus largos viajes, le entra a su carne y a su cerveza vorazmente.
Elisa, impaciente, vuelve a preguntar, "¿¡Cuán pronto, Farím!?"
Farím contempla a Elisa con seriedad triste, entre bocados, "Traté de llegar lo más pronto posible acá... Pero... la realidad es que... En menos de una semana las calles y las tejas de Costa Cristal estarán completamente en llamas..."
Elisa se desploma hacia atrás en su silla, derrotada. Le hace señales a la pobre mesera... para pedir una cerveza.
"En Costa Cristal aún todos duermen...", anunció el guardia, "¿Qué razones tienes para molestarnos a estas horas de la madrugada?"
"Viajo desde lejos, y busco asilo en la ciudad...", respondió Farím, con agotamiento obvio en su voz, "Si me dejas pasar a la posada del Dragón Blanco, puedo estar en camino y fuera de tu responsabilidad en segundos."
"Bien...", cedió el guardia irritado, "Dame tu nombre y plazo de estadía, y puedes pasar."
Farím dió un nombre falso, fingió que sólo se quedaría algunos pocos días, y luego pudo encaminarse hacia El Dragón Blanco.
Costa Cristal no era lo que fue alguna vez. Sus luminosas fachadas fueron reemplazadas por deterioro y pobreza. Los dragones monstruosos de Ben-Zjing causaron demasiado daño durante las guerras de hace décadas atrás, y la capital de Hemon-Zjing nunca verdaderamente se recuperó. Farím O-mar aún recordaba las rutas por las calles adoquinadas, pero no llegó a reconocer muchos de los edificios alterados que adornaban la vieja ciudad. Sólo reconoció el hostal que buscaba porque aún retenía el símbolo de un dragón blanco en su puerta de madera.
El vestíbulo de El Dragón Blanco era una taverna como cualquier otra. El posadero servía cerveza tibia desde la barra a un lado de la cocina, mientras cantaba y charlaba con sus clientes que permanecían allí desde la noche anterior; y las meseras adolescentes (que enseñaban un poco más de cuerpo de lo que era costumbre en Costa Cristal) maniobraban comida y bebidas alrededor de las muchas mesas llenas de huéspedes sucios y borrachos.
Pero una persona presente se encontraba fuera de lugar. En una mesa cerca de la puerta hacia el patio de atrás, se encontraba sentada una figura encapuchada (así como el aspecto de Farím) que estaba sola y que emanaba un aire evidente de no querer ser molestada. A esa mesa fue que Farím O-mar se dirigió.
Cuando el viajante se sentó frente a la persona solitaria, Farím reconoció instantáneamente la cara de la dama con quien se había citado encontrarse allí. La mujer debajo de la capucha tenía el pelo oscuro y ondulado como el de Farím, pero mucho más cuidado y limpio. Sus ojos eran de un verde intenso, como las escamas de un reptil; y su nariz era afilada, como si hubiera causado la pequeña cicatriz que tenía a un lado de su labio superior.
Elisa Prisma era una mujer de cuerpo esbelto, pero de corazón y comportamiento fuerte. Aun así, su postura endurecida desvaneció al ver a Farím. Sus ojos se abrieron con incredulidad, y se quedó muda por un momento sin poder dirigirle todas las palabras que le quería decir al hombre greñudo sentado frente a ella.
Una mesera, luciendo una mini-falda y un chaleco que mostraba gratuitamente una gran parte del escote de sus senos, se acercó a la mesa y comenzó a pedirle la orden al par de estrambóticos encapuchados.
Elisa la interrumpió con un regaño, "¡Aléjate, niña, y no regreses hasta que se te llame; que deseamos privacidad!"
La mesera, que no podía tener más de quince años de edad, se tornó pálida; y asustada comenzó a escaparse lejos de la mesa. No sin antes Farím añadir: "Tráeme una costilla de cerdo y una cerveza ardiente por favor... y luego entonces nos puedes dejar a solas."
La joven mesera accedió y se fue a la barra, casi corriendo.
Farím le sonrió a Elisa por primera vez en esa ocasión, "Sigues siendo la misma bruja intimidante de siempre, ¿ah?"
Elisa por fin le dice algo a Farím, cuando responde, "Y tú te estás poniendo viejo y asqueroso."
Farím le remonta, manteniendo la sonrisa, "Al menos lo mío se puede remediar con un buen baño..."
Elisa se mofa, y le quita la mirada a Farím, "Espero que tu orden nunca llegue..."
Farím entonces le dice, "De hecho, necesitaré que me la pagues. No tengo nada de moneda."
Elisa vuelve a fijar su mirada hacia Farím, "¿Estás en serio? Te desapareces por trece años, y me mandas una paloma mensajera críptica para encontrarte conmigo en secreto aquí... ¿para pedirme una cerveza y dinero? ¿Que más quieres? ¿¡Te alquilo una habitación y una prostituta!?"
Farím suspira, y responde, "Sé que estás enfadada..."
"¿¡Enfadada?!?", la tez de Elisa comienza a perder la compostura, "¡Nos abandonaste por trece años, Farím! ¡Abandonaste a tu ciudad y a tu gente, cuando te necesitaban más! Me abandonaste a mí..."
"Lo sé...", murmura Farím.
Mientras tanto, Elisa continúa vociferando, "No sabes cuantas noches me desvelé tratando de llegar a entender cómo una noción imposible llegó a ser realidad... cómo la garantía de nuestro enlace inseparable pudo haber sido destruído en un instante, en un cabalgar de un caballo en la noche, en el eco de tu adiós..."
"Lisi... Nunca sabré como empezar a pedir o merecer tu perdón...", logra decir Farím.
"¡Y ahora tú regresas!", añade Elisa, "¡Como si fueras bienvenido! Pues, te tengo noticias Farím Amatista O-mar: ...yo no te necesito. Aquí no te necesita nadie. Esta ciudad, y el reino entero, se está re-edificando... y yo también."
"Por eso es exactamente que he venido", le explica Farím, "Porque el futuro de Hemon-Zjing está en juego."
Por primera vez en la conversación, Elisa realmente está interesada en lo que Farím tiene que decir, "¿A qué te refieres?"
Farím va directamente al grano, "El clima del mundo, por toda la Elen-Zjing, está cambiando alarmantemente. ... El Bosque Fam se está congelando. El Gran Lago de Cristal se está derritiendo. La magia no aguantará más por mucho tiempo. Los dragones de Ben-Zjing se están despertando, y pronto seguramente se dirigirán hacia acá."
"¡¿Has visto eso?!", preguntó Elisa, perturbada.
"Con mis propios ojos.", contesta Farím, "...Y pronto verás dragones tú también..."
"¿Cuán pronto?", pregunta Elisa.
La mesera interrumpe de nuevo, y casi temblando, entrega la costilla de cerdo y cerveza sobre la mesa en frente de Farím. Antes de poder mencionar o preguntar cualquier cosa sobre la orden, la mesera recibe una mirada hostil de Elisa, y la niña se va huyendo rápidamente de la mesa.
Farím, obviamente hambriento debido a sus largos viajes, le entra a su carne y a su cerveza vorazmente.
Elisa, impaciente, vuelve a preguntar, "¿¡Cuán pronto, Farím!?"
Farím contempla a Elisa con seriedad triste, entre bocados, "Traté de llegar lo más pronto posible acá... Pero... la realidad es que... En menos de una semana las calles y las tejas de Costa Cristal estarán completamente en llamas..."
Elisa se desploma hacia atrás en su silla, derrotada. Le hace señales a la pobre mesera... para pedir una cerveza.

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